Erase una vez

Publicado por Edu Basterra el 4 de marzo de 2014 en: Novedades

¿Analógico o digital?

 Lo tengo claro desde hace tiempo: me gustan más los discos de antes del 75 que desde entonces. El sonido de las producciones musicales dejó de entusiasmarme, salvo casos puntuales, debido a la sobreproducción de las canciones, que pareció arrancarles el alma que yo sentí en algunas piezas años atrás. Han pasado treinta y tantos años desde que comenzó la tiranía de lo digital, aquellas reverbs hinchadas hasta la exageración, unas puertas de ruido que no dejan pasar una pequeña cola, unos planos de guitarras y teclados pegados a tu nariz, una total y absoluta automatización del proceso que llegó a deshumanizar la música…¿es esa la sensación que tienes cuando ves a una banda tocar a 5 metros de ti? Ni de coña. La mayoría de la música que se emite está sobreproducida.

Mi primer contacto con un estudio. En Donibane, finales de los 70

Mi primer contacto con un estudio. En Donibane,  finales de los 70

Por supuesto, cuando comenzó la era digital fui el primero en quedarme extasiado con la evolución del sonido en las producciones musicales. Por aquel entonces mis amigos de Infussion, banda en la que militaba mediados de los 80, y yo, nos pasabamos el día, o más bien los viajes que compartiamos, escuchando discos de fussion porque nos parecía que tenían el sonido perfecto. Pero acabó por aburrirme del todo, el sonido y las canciones. Eran grandes intérpretes con pasajes complejos bien resueltos pero… llegabas a casa, ponías Kind of Blue, Machine Head o Abbey Road y comprendías al instante qué tenía magia y qué no la tenía. ¿Cómo conseguir ese sabor añejo analógico para tus canciones, sin renunciar a lo digital? Aquí está la madre del cordero.

Cómo hacer para sonar como las grandes producciones de hace 40-50 años, que es a donde he querido ir siempre con mi sonido. Es innegable (yo me resistí al principio y discutí mucho sobre esto con Iñaki Antón “Uoho”, productor y guitarrista en Platero y Tú y Extremoduro) que el proceso digital es más rápido, más económico y te ofrece infinidad de posibilidades a la hora de crear. Por lo tanto para mí en estos momentos es impensable producir de otra manera que no sea digital, a no ser que haya intención y presupuesto específico. Me explico: ahora sería mucho más caro. Para empezar, cada bobina de cinta magnetofónica valía una pasta, dependiendo de la anchura en pulgadas. Por el mismo precio, tienes discos duros en el que caben mil bobinas como esas. Y luego, rebobina ó avanza, rebobina otra vez, espera, huy, no he marcado el punto. Vaya hombre, se nota el pinchazo, habrá que grabar la toma entera. ¡Aibá! hemos grabado la voz encima de la gaita. Joder, pues el tío vive en Unquera…Todos estos inconvenientes de lo analógico acababan por minar tu capacidad de creación al cabo de las horas. En digital lo automatizas todo y todo se muestra ante ti en cuestión de segundos. Además está el ritual de cada día. Desmagnetiza el multipistas, limpia con alcohol los cabezales, ajusta el azimut, rebobina las cintas hasta el principio, quita una, pon la otra, etc. De los técnicos ya hablaremos otro día.

Otro asunto importante es la mezcla. Aquí lo digital cobra un peso y una dimensión definitiva. Poder mezclar sobre la marcha a medida que añades nuevos recordings te permite recordar y registrar todos y cada uno de los movimientos del proceso de grabación. En analógico esto era imposible. Cuando terminabas de grabar todos los instrumentos y te ponías a mezclar, tenías que preparar la mesa de tal manera que ya no podías añadir ningún recording más; al configurararla para la mezcla no había marcha atrás. Normalmente se dejaban tres días enteros para las mezclas de 10-15 canciones.

Todo un mundo de colores y frecuencias que tienes que ordenar y combinar para que llegue a los oídos en forma de sentimiento auténtico, tangible y poroso, amable o arrebatador, concreto y abstracto a la vez…o sea, con vida propia. Casi ná. Cuánta responsabilidad cuales dioses de barrio creando vida en los sótanos del dolor y la alegría. Para que luego digan que esto es fácil. Y una bosta.

Cuando se mezclaba en analógico, era emocionante ver a dos o tres personas coordinando sus movimientos con los faders de la mesa a medida que la canción avanzaba y se mezclaba en tiempo real. Pon eco, quita reverb, la pandereta no se oye, los coros están altos, abre las pistas 7 y la 9 cuando entre el solo, etc. Hala, vuelta a empezar, que nos hemos equivocado de botón, que no era ese, que era el otro. Si se había capturado el sonido de tu banda en una sala decente con una buena mesa analógica, la mezcla ya era amable de por sí, solo tenías que limar algunas asperezas y vigilar los planos. Esto no pasa en lo digital. Aquí puedes afinar tanto que se te va la olla y a veces pasas por alto la sustancia impregnadora que tiene lo analógico, más cálida y orgánica, para empastar al resto de la banda. En digital puedes multiplicar tus pistas sin límite. En analógico te las tenías que arreglar con cuatro, ocho, dieciséis, y en el mejor de los casos, venticuatro pistas para convertirlas en un estéreo listo para la audición definitiva.

Creo que a estas alturas lo digital ha evolucionado lo suficiente para imitar la calidez de lo analógico. De hecho todo lo que he producido en estos 15 últimos años ha sido de esta manera pero siempre intentado imitar el sonido que más he perseguido y que pareció concentrarse entre el 67, cuando Pepper revolucionó el proceso de grabación y el 75. Honky Chateau, Over Nite Sensation, Roxy & Elsewhere, Chicago III y V, Red y Lizard, House of the Holy, Close to the Edge, Court & Spark, Brothers & Sisters, Billion Dollar Babies, Exile on Main Street… no he vuelto a escuchar ese sonido. Ahora parece que se ha vuelto a pillar ese punto y vuelvo a sorprenderme con algunas bandas. Afortunadamente hemos vuelto a lo orgánico y lo natural. No es tan espectacular pero me sabe más rico.

Comentarios (2)

  1. Muy bueno Edu. Con el tiempo aprendes que donde hay que invertir mas tiempo es en la primera toma (o segunda), y que el “ya lo arreglaremos en la mezcla) es una forma de decir que no tiene arreglo. Hay que volver a las grabaciones de “todos a la vez”, y capturar el sonido de los vivos.

  2. Edu, cuando un amigo me llevó a su casa para que escuchara un CD, me dejó plano, porque aquello sonaba a mentira. También te digo que la comodidad me ha hecho hasta escuchar música en Pen Drive en el coche (puedo estar como hace unos días, ocho horas sin tocar nada y oyendo canciones muy variadas sin despistarme del volante), pero tienes toda la razón, y aunque yo no sabría explicar qué es, hay algo en el sonido que hace que dé la sensación de que falta algo.
    Un saludo.