Erase una vez…

Publicado por Edu Basterra el 18 de marzo de 2014 en: Novedades

Infussion. El comienzo.

Cuando conocí a Alberto Rodríguez y Raúl Sainz de Rozas, militaban en la banda de Gontzal Mendibil, cantautor euskaldún de la corriente de Ez Dok Hamairu que después de grabar dos elepés en la onda de la canción vasca del momento, finales de los 70, había decidido cambiar de estilo y experimentar con el jazz. Con Fran Rubio a las teclas, ya destacando por encima de la mayoría de músicos que andábamos rulando por aquel entonces, la banda la completaban Adolfo García Gorría a la batería y Javi Urréjola al saxo, que había participado en Amas de Casa.

Buscaban un  bajista con inquietudes parecidas y yo andaba por allí, en relación con el mundillo euskaldún al haber tocado con Ruper Ordorika y grabado con Itziar Egileor. Total que de repente me vi rodeado de músicos que entendían el lenguaje del jazz, que es para donde me tiran los dedos cuando no toco rock, dispuestos a intercambiar información con un servidor. En aquel sótano/zulo, vaya usté a saber, de la iglesia de Castillo y Elejabeitia tenía Gontzal Mendíbil su local de ensayo, y en los descansos de su repertorio le dábamos tiza al jazz, con nuestras limitaciones.

Los ensayos duraban hasta las cinco de la mañana. Recuerdo a Gontzal llevándonos a los seis músicos en su Talbot y dejando a cada uno en su casa, a veces de madrugada. Y vuelta a Zeanuri. La verdad es que Gontzal siempre se portó bien con su banda. Nos hicimos muy amigos y pasamos buenos ratos tomándonos la vida en serio pero no tanto y coincidiendo en algunos puntos de vista -siempre ha sido muy espiritual pero con los pies en la tierra- a pesar de que nos gustaba tomarle el pelo con lo de su rollo cantautor, que a veces nos resultaba un poco/bastante meloso para nuestros instintos salvajes. Yo tenía 22 años y los demás músicos eran aún más jóvenes. Gontzal, que tenía 24,  aguantaba con bastante deportividad los envites y lidió con acierto nuestro lado más transgresor.

Poco a poco fui empapándome de líneas y armonías, de ritmos y grooves, experimentando e interactuando sin la presión del compromiso y con todo el tiempo del mundo por delante, rodeado de buenos músicos que dominaban el instrumento y entendían bien el lenguaje de jazz. Puedo decir francamente que si aprendí a tocar jazz y a entender sus formas y maneras fue gracias a ellos.

A medida que pasaban los ensayos y los conciertos, Alberto y Raúl, que se encargaban de las guitarras y de los arreglos de las canciones de Gontzal, empezaron a pergeñar la idea de formar una banda de jazz-fussion, muy de moda por aquel entonces. Por supuesto, yo me apunté al carro enseguida, porque ya se les veía a ambos maneras de buen compositor, a cuenta del trabajo que habían hecho con el repertorio de Gontzal: Una música llena de detalles y matices, que lo mismo podía estar evocando a Genesis o a King Crimson, que a Pat Metheny o Chick Corea. A mí eso me ponía bastante. Podía crear unas líneas de bajo más atractivas que las que estaba acostumbrado a hacer hasta entonces, siempre la pentatónica y poco más.

Victor de Diego, Alberto Rodríguez, Raul S. de Rozas y yo. Manolo Gallardo en representación

           Los primeros Infussion

Total que para abril del 86 ya teníamos una banda de jazz-fussion con temas de Alberto y Raúl que, a día de hoy, todavía me parecen geniales. El nombre se le ocurrió a Alberto en un arrebato de ingenio. Así que durante seis o siete años la carrera de Gontzal Mendíbil y la de Infussion correrían paralelas, ya que aprovechábamos el invierno para dar conciertos y giras y  durante el verano continuábamos con en el show del cantautor de Zeanuri, sin dejar de aprovechar los huecos libres que había en la agenda de éste.

La primera formación: Alberto y Raúl a las guitarras, Víctor de Diego al saxo tenor, Manolo Gallardo a la batería y yo al bajo. En su haber el 1er premio en el concurso de bandas del País Vasco en el Festival de Jazz de Donosti 86. Todos los temas de Alberto y Raúl. No está mal para empezar.

Pronto Víctor de Diego empezó su carrera en solitario y Manolo Gallardo tenía demasiadas responsabilidades –padre de cuatro criaturas y compromisos ineludibles con la Orquesta Sinfónica de Bilbao, de la que cobraba el sueldo- así que Blas Fernández a la batería y Javi Alzola al saxo pasarían a sustituir a los dos que se iban.

Con esta nueva formación comenzaría una etapa bonita y excitante. La banda cogió muchas tablas ya que se mantendría estable durante mucho tiempo, cuatro o cinco años. Teníamos sonido propio y desparpajo en escena, quizás demasiado para lo “seria” que seguía siendo esa música en los círculos de entendidos. A mi entender lejos de los grandes a los que pretendíamos emular, pero las composiciones de Alberto y Raúl eran francamente buenas, y disfrutábamos mucho tocándolas en los bolos.

Dio como fruto dos premios más; mejor banda de jazz fussion en los concursos del Festival de Jazz de Getxo en el 87 y en el Festival de Jazz de Ibiza en el 88. Y van tres seguidas. Esto nos proporcionó prestigio y pasaporte para algunos bolos y alguna que otra gira. En el siguiente capítulo os contaré el punto que llevábamos cuando nos poníamos en carretera.

Blas Fernández, Alberto Rodríguez, Javi Alzola, Raul S. de Rozas y yo.

Blas Fernández, Alberto Rodríguez, Javi Alzola, Raul S. de Rozas y yo. Infussion en Roma, aeropuerto de Fuimicino.