Érase una vez…

Publicado por Edu Basterra el 30 de julio de 2013 en: Novedades

Cómo llegué a tocar con Pavarotti

Mi amigo Spasky, de Dekker Eventos, me llamó para tocar el bajo con Pavarotti en el centenario del Athletic, porque éste en su repertorio incluía una pieza con bajo eléctrico, titulada “Caruso”. Ante la importancia del evento, la magnitud del artista y el suculento caché que me ofrecieron, dudé unos cuantos nano-mili segundos y al final acepté. Además, el smoking y los gastos corrían por cuenta de la organización.

No las tenía todas conmigo porque no había visto la partitura de la canción en cuestión, y yo nunca había tocado con una orquesta. Así que tenía mis dudas sobre si lo iba a poder hacer bien o no, pero cuando vi escrita la línea de bajo en el pentagrama respiré tranquilo…eran todo redondas!! Y encima, un tempo más bien lento.

Hicimos al principio un ensayo general en el teatro Ayala, mi primera vez incrustado en una orquesta, la Sinfónica de Bilbao. Una sensación increíble escuchar a la orquesta justo en la mitad. Todo más o menos bien. Al día siguiente Janos Aks, el director de la orquesta nos citó a Alberto Rodríguez, mi compañero de Infussion, que había sido contratado también para tocar la eléctrica en dos piezas, y a mí, para practicar juntos los dos temas. El tipo quería asegurarse de que no íbamos a fallar. Total que al final acabamos en mi casa, tocando él con el teclado Yamaha que tengo en el estudio, Alberto y yo, con la guitarra y el bajo.

Janos es húngaro, buen tipo, sencillo de buenos modales, y tenía una voz tan buena o mejor que la de Pavarotti. Mientras practicábamos las piezas, el tipo las cantaba con una potencia, gracia y sutileza dignas de cualquier divo. Mi mujer flipó y supongo que todo el vecindario.

El siguiente ensayo fue ya en la propia suite del mismísimo Lucho. La escena, como os la cuento. El director, Alberto y yo, esperando en una habitación de la suite que tenia un piano a eso de las 5 de la tarde, y entra a saludarnos su secretaria, o algo parecido, para decirnos que en breve vendrá el maestro. Y en esto que aparece por la puerta Pavarotti con toda su humanidad, pantalones flojos blancos y camisa amarilla con semblante apesadumbrado. Su aspecto, más bien la de un hombre bastante ajado y poco arreglado, como si se hubiera despertado de una siesta con pesadilla, después de llevar varios días fuera de su casa o tuviera serios problemas de esqueleto y musculatura. Nos saludó sin ningún tipo de emoción o efusión especial. De la misma le pidió al director que cantara las piezas, se ve que no tenía ni puta gana de ponerse a dar voces. En cuanto comprobó que la canción funcionaba con nosotros, le dio el OK al director y se despidió.

Por supuesto, le pedimos hacernos una foto con él y accedió cortésmente. Hasta que no vi la foto positivada (todavía se utilizaba rollo por aquel entonces) no me dí cuenta de que aparecía con otro aspecto más vital y alegre que el que mostró durante los minutos que estuvimos con él, como podéis comprobar en la foto que colgamos en Facebook. A eso le llamo yo callo con la cámara.

Y al día siguiente, la actuación estelar del divo en el mismísimo San Mamés. Quién lo iba a decir, yo que siempre soñé con jugar en el Athletic en ese mismo césped y al final se cumplió, sólo que cambiando las botas por las notas…de un bajo Fender Jazz Bass.