Érase una vez…

Publicado por Edu Basterra el 22 de octubre de 2013 en: Novedades

Amas de Casa y la década de los 80

A partir de entonces, y una vez liberado del lastre que suponía el control de tus padres, comienza otra etapa en mi vida en la que empiezas a tomar tus propias decisiones en cuanto a tu carrera artística. De tocar versiones de otros músicos a tocar tus propias canciones. Mi banda por aquel entonces era Amas de Casa. Un conglomerado de músicos de varias tendencias. Por mi parte, aportaba elementos de rock sinfónico y jazz. Por parte de otros, de tecno-pop y más actuales.

En el pub Intermezzo en L.A.

En el pub Intermezzo en L.A.

El llamado Rock Radical Vasco, nos barrió de forma fulminante del panorama musical vasco. No había un hueco por donde poder expresar todo lo que habíamos aprendido a tocar escuchando bandas de los 60 y 70. El Blues, Rythm&Blues, Soul, Psicodelia y Rock Sinfónico que comandaron gran parte de la escena musical durante muchos años empezó a declinar en la segunda mitad de los 70 por el empuje de nuevos movimientos como el Punk, la New Wave o el Tecno-Pop. En Euskadi en concreto, triunfó el RRV, bien por ser todavía una sociedad industrial en la que caló más hondo el mensaje aguerrido de grupos cañeros, bien porque el nacionalismo imperante en la zona no reparaba en gastos a la hora de promocionar cualquier grupo, mayormente punk o en esa onda, para hacer proselitismo de su causa.

Nuevas formas, nuevas modas y nuevos modos en los que casi nunca me vi reflejado. Para mí no se trataba de ver quién era más moderno o más siniestro o más punk, simplemente había escuchado auténticas joyas musicales que han resistido al tiempo y yo quería hacer lo mismo, con el mismo sonido, con la misma actitud musical. Al fin y al cabo también entendía la música de la que se alimentaron mis bandas favoritas: Elvis, Muddy Waters, Miles Davies, Duke Ellington, los mismos Beatles o clásicos que influyeron en el rock Sinfónico o en bandas sonoras de películas, como Ravel, Debussy, Bartok o Holst. Pero aquello se acabó de repente. O estabas en la onda o no te comías nada, así de claro. Personalmente sufrí la Movida Madrileña, que a excepción de un par de bandas y unas cuantas buenas canciones, no me atrajo nunca, ni su look ni su sonido ni su contenido social. Podría decir lo mismo del RRV.

La formacion original ensayando en Portugalete

La formacion original ensayando en Portugalete

Aun así, Amas de Casa era una buena banda, había buenos músicos y se dejaron grabadas unas cuantas canciones. Hubo una que sonó en los 40 Principales durante algún tiempo. Nuestro show consistía en salir disfrazados sin mostrar una imagen concreta o un estilo musical definido, tocando piezas surrealistas o descaradamente comerciales, pero siempre con espacio para los solos y temas instrumentales. En general lo pasamos bastante bien mientras pudimos resistir como banda, compartiendo escenario con Rufus, Fase, Los Santos, Lavabos Iturriaga, Zarama, Como Huele, Los Impecables, Isidoro y su colección de Puertas Plegables, etc.

Que yo recuerde, estos son los músicos que participaron en Amas de Casa a lo largo de las diferentes etapas: En la formación inicial estábamos Jorge Hernández a la batería (ahora en Los Fastuosos de la Ribera), Fernan Arancón a la guitarra, Bego Atutxa a los coros, Carlos Miguel al bajo (que trabajaría con los Santos tocando la batería) y yo a la guitarra y voz principal. Más tarde se unieron Javi Urréjola al saxo y Germán Ors a la guitarra. Marcelo Hormaechea sustituyó a Carlos Miguel al bajo y Alex Blasco se unió a nosotros con los teclados. Edu Arístegui, que moriría años más tarde en un trágico accidente, sustituyó a Javi Urréjola al saxo. Mención especial a Erik Berton que salía a cantar un tema con nosotros “Soy un animal”.

En Aste Nagusia en el 83, Plaza Nueva

En Aste Nagusia en el 83, Plaza Nueva

Pero las cosas no iban bien y no conseguimos consolidarnos, así que busqué refugio en el jazz, que nunca terminó de desaparecer (esta vez bajo la cara del funk y la fusión), mientras me iba haciendo un hueco como músico de estudio y bajista de directo para otras formaciones musicales, mayormente cantautores vascos que aguantaron el tirón del RRV. Toqué para Itziar Eguileor, con quien grabé mi primer álbum, Ruper Ordorika, Juan Carlos Perez (Itoiz), Kepa Junkera, Enbor, Iñaki Basabe y Gontzal Mendibil. Con este último trabajé varios años llegando a grabar en tres de sus álbumes. Los músicos que participamos en estas grabaciones fundamos INFUSSION, banda de jazz fussion que nos dio cierta notoriedad en la escena musical del momento, llegando a grabar disco, ganar tres concursos a nivel nacional, tocar en algunas ciudades españolas y alguna por el extranjero, y participar en un programa de televisión, “Rifi Rafe” dirigido por Antxon Urrósolo, durante 150 programas en Donosti y en Madrid. Os contaré algún día la historia de esta banda.

Érase una vez…

Publicado por Edu Basterra el 8 de octubre de 2013 en: Novedades

De Pepe Joe & los Cerdos Esquizofrénicos a Amas de Casa 4ª parte

Joseba Gotxi

Antes de conocer el mundo cultural vasco, o euskaldun, mejor dicho, porque los que hacemos música y cantamos en castellano también somos o formamos parte de la cultura vasca; antes de esto, digo, todavía seguí probando formaciones con otros músicos. Conocí a Joseba Gotxi, un organista con las ideas claras que estaba en la onda de Keith Emerson y que me engatusó para formar un trio tipo ELP. Por aquel tiempo, y todavía me sigue pasando, si escuchaba un grupo que me flipaba, ya quería formar una banda que hiciera algo parecido. Esto me ocurría con frecuencia, ya que continuamente estabas descubriendo nuevas bandas, nuevos sonidos. No era mucho de escuchar la radio, pero tenía un montón de conocidos con los que intercambiar discos e ir ampliando tu cultura musical. Había gente que ya apuntaba maneras de coleccionista compulsivo de lps. Si ibas a su casa de visita podías descubrir bandas que ni siquiera estaban publicadas en España.

A lo que iba, Gotxi se cruzó en el camino mientras yo flipaba con el “Trilogy”, “Tarkus” y “Brian salad surgery” de Emerson, Lake & Palmer. Así que no fue difícil montar un trio, esta vez con el hermano de Javi Robador, Guzmán, que también tocaba la batería, y apuntaba las mismas maneras, con un estilo suelto pero contundente. Empezamos con el nombre de Leviathan, que lo puso Joseba, no se si por el monstruo o por el libro del filósofo Tomas Hobbes, pero al final y tras largas deliberaciones en el bar del colegio donde ensayábamos, nos pusimos el “original” nombre de Gotxi, Baxter & Gúzman (con acento en la ú) para que sonara fonéticamente mejor o muy parecido a Emerson, Lake & Palmer. Al final lo dejamos en GBG.

Con mi nuevo bajo sin trastes acompañando a Ruper Ordorika.

Tuvimos suerte de encontrar ese sitio para ensayar. Después de practicar en una casa en el casco viejo de Bilbao y una iglesia en Loiu, fuimos a parar a la cabina del cine del colegio La Salle, en Deusto. Ésta estaba en desuso porque los curas ya tenían un salón de actos nuevo en otro edificio colindante, así que nos apalancamos allí metiendo todo el ruido que queríamos porque no te oía nadie. Durante mucho tiempo estuvimos ensayando dos veces por semana, una frecuencia considerable para obtener resultados rápidos, de tal manera que nos hicimos con un amplio repertorio propio, mayormente instrumental. Gotxi cambiaba de órgano con frecuencia hasta que se hizo con un Farfisa decente, lo más parecido a un Hammond con buenos registros y con un Leslie. Joseba tenía una habilidad especial: compraba un teclado de segunda o cuarta mano, lo limpiaba, lo maqueaba, lo ponía operativo y lo vendía por ocho veces más su valor, entiendo que honradamente. Tan sólo unos meses después ya disponía de un órgano bueno y un sintetizador monofónico. Mas tarde adquiriría un piano eléctrico que sonaba bastante decente, con lo cual ya estaba equipado para interpretar varios registros diferentes. Yo compré para la ocasión un bajo sin trastes marca Morris, en San Juan de Luz, en la famosa tienda Bertbeder, que tenían de todo y a buen precio. ¿Por qué sin trastes? Ya os he comentado antes que banda o músico que me impresionara, ya quería ser como él. Y por aquel entonces flipaba con dos bajistas excepcionales: Jaco Pastorius, que ya conocéis la mayoría y Percy Jones, de Brand X, una banda inglesa buenísima de fussion en la que militó Phil Collins tocando la batería. Ambos tocaban bajos Fender sin trastes. Pues yo también. Y de paso un amplificador Acoustic. Un paso adelante, un escalón más arriba.

Jose Portela y Ramón Gardeazabal. Al fondo Javi Robador a la bateria.

Jose Portela y Ramón Gardeazabal. Al fondo Javi Robador a la bateria.

Malos tiempos corrían para que un trío de rock sinfónico de Bilbao pudiera encontrar trabajo. Recuerdo conciertos buenos y otros desastrosos en sitios que no eran habituales. La escuela de Empresariales de Sarriko, la Escuela Técnica de La Casilla (o algo así), la Universidad del País Vasco, la discoteca Mao de Leioa, otra discoteca que luego sería un puticlub, en la calle General Cocha, un par de urbanizaciones vecinales y el salón de actos del Colegio Los Hermanos de la Salle, donde ensayábamos. Una de las condiciones del uso de la cabina de cine para nuestros ensayos, era que teníamos que dar un concierto gratis en el colegio nuevo. El hermano Fidel fue el que nos consiguió el local. Pues bien, en todos ellos largamos nuestro rollo sinfónico con más o menos acierto. Nuestro sonido era realmente compacto, más en el local que en los conciertos, donde todavía se carecía de equipos buenos. Aun así, Fermín Rotaetxe, locutor por aquel entonces de los 40 principales, cuando los 40 era otra cosa más interesante; y el difunto Iñaki González Bilbao, locutor en Radio Popular, nos grabaron una cinta en el local de ensayo con un magnetofón Revox estéreo, de la que hasta hace poco conservaba algunos temas en cassete, y que sonaba bastante bien. Pero eran temas instrumentales la mayoría. Lo de siempre, sólo le gustaban a los músicos y no a todos.

Gotxi en familia con su sinte de pared y el resto de los teclados.

Gotxi en familia con su sinte de pared y el resto de los teclados.

Todo este tiempo de trabajo como GBG nos dio solidez rítmica. En ello se debieron fijar Ramón Gardeazábal y Jose Portela, que militaban en Enbor y querían promocionar su último trabajo “Katebegiak” en directo, para lo cual necesitaban un trio teclados-bajo-batería perfectamente engrasado. Yo ya había trabajado con Ramón y Jose años atrás, así que enseguida congeniamos, nos aprendimos el repertorio y empezamos a dar conciertos compartiendo escenario con Itoiz y alguna que otra banda puntera. En cierto modo, todo lo que no pudimos conseguir como GBG se compensó en conciertos con equipos buenos y un sueldo mejorado con la gente de Enbor, aunque esta historia no duró mucho. Mientras tanto yo ya tenía en mente otro proyecto más personal, con más registros musicales y Gotxi, Baxter & Gúzman estaban demasiado encasillados en un sonido muy concreto. Ya empezaba a echar de menos el sonido de la guitarra, empezaban los 80s y yo ya tenía otros sonidos en la cabeza. No hacía más que escuchar el “One size fits all” de Frank Zappa y ya sabéis, culo veo, culo quiero. Os lo contaré en el capítulo de Amas de Casa y los años 80.

Érase una vez…

Publicado por Edu Basterra el 24 de septiembre de 2013 en: Novedades

De Pepe Joe & los Cerdos Esquizofrénicos a Amas de Casa 3ª parte

Entre banda y banda, tuve la oportunidad de contactar con un agente que tenía contrato con una discográfica nueva, Xoxoa, de carácter euskaldún, para grabar un disco y que necesitaban un bajista. La cosa fue así: estaba yo en una tienda de componentes eléctricos comprando algún cable, y tenían la radio puesta, en concreto la Ser, y en el programa Carlos Arco estaba entrevistando a un grupo que iba a grabar un álbum pero que no tenía ni bajista ni batería.

Con JC Pérez y Phocas

Con JC Pérez y Phocas

Plink, se me encendió la luz. Me fui a toda ostia a la emisora que estaba detrás del hotel Carlton y me presenté en el programa para ofrecer mis servicios. Contacté con ellos y les ofrecí a Javi Robador a la batería. Sin modestia alguna os diré que cuando nos oyeron tocar nos contrataron al instante. Por aquel tiempo, el 77, Javi y yo no teníamos rival como base rítmica. Todo el mundo quería tocar con nosotros.

Así que la cosa quedó en que Javi y yo grabaríamos el álbum para Itziar Eguileor, la cantante y Alex Zabala y Mikel Prieto, a las guitarras. El repertorio era suyo y cantado en euskera. El estilo, entre los Fotheringay y Savage Rose con el toque jazzy que le pondríamos el batería y yo. La producción se hizo en San Juan de Luz, en los mismos estudios en los que quizá grabaran Errobi, Txomin Artola, Izukaitz, Lisker o Itoiz, esto no podría asegurarlo, pero eran las bandas que figuraban en Xoxoa por aquel entonces. A la mesa de control, cómo no, Jean Phocas, un buen bajista y trompetista vasco francés, que por aquel tiempo destacaba como técnico de sonido a la hora de grabar bandas.

Fue mi primera experiencia como músico de sesión. El resultado, como es de suponer, bastante flojo. Eran buenas canciones pero arregladas incorrectamente, y grabadas sin ningún tipo de criterio en cuanto a estilo y sonido. Por supuesto, tampoco nosotros, la base rítmica, éramos tan buenos como creía. Phocas tampoco ayudaba mucho en cuanto a la producción. Muy sabiamente se limitaba a capturar el sonido de la banda lo más pulcro posible sin emitir opinión alguna, quizás porque ya se veía que aquello no iba a ser la reostia.

con gontzal mendibil

Con Gontzal Mendibil.

De hecho, nada más publicar el disco, en el concierto de presentación, ya hubo un mosqueo general y dimos un bolo desastroso, con la consiguiente disolución. Supongo que pagamos la inexperiencia de lo poco profesionales que éramos por aquel entonces, mas preocupados en disfrutar tocando lo que sea como sea con quien sea, que en tener una visión o conciencia de producto para vender.

Pero fue esta la puerta que se abrió para poder acceder al mundo de la canción euskaldún. Después de los hechos comentados empecé a conocer a otros músicos que trabajaban para el mismo sello, Mixel Ducau, Anje Duhalde, Foisis y Juan Carlos Pérez. Este último, que había hecho las mezclas del disco que al final saldría con el nombre de “Itziar”, me presentó a Ruper Ordorika, con quien colaboré al verano siguiente para presentar su primer álbum “Hautsui da Anphora”, con Bixente Martinez a la guitarra y un violinista que no me acuerdo de su nombre.

Y finalmente, fui a parar a la banda que formó Gontzal Mendibil, cantautor vasco que se movía en la onda de Ez Dok Hamairu, movimiento cultural vanguardista, con quien estuve colaborando durante bastantes años, bien de gira o bien grabando (participé en tres de sus discos). Gontzal es un buen tipo, enamorado de la vida y optimista empedernido en los buenos y en los malos momentos. Con una visión más abierta a explorar otros puntos de vista, pagó cara la osadía de alejarse de la ortodoxia que reinaba en el mundo cultural vasco. Aun así, ha dejado un puñado de buenas canciones que todavía perviven en la memoria del aficionado euskaldún, además de un par de buenos trabajos audiovisuales de tipo conceptual. En ese aspecto, Gontzal fue muy inquieto y llegó a liderar proyectos importantes mezclando elementos musicales y teatrales, siempre para la promoción de la cultura vasca.

Érase una vez…

Publicado por Edu Basterra el 10 de septiembre de 2013 en: Novedades

De Pepe Joe & los Cerdos Esquizofrénicos a Amas de Casa 2ª parte

Como ya os he comentado antes, las bandas allá por los finales de los 70 que se formaban en los colegios y los institutos no duraban juntos, o al menos con la misma formación, mucho tiempo o el suficiente para consolidarse. Había unos estudios que acabar y se acercaba la universidad, para lo cual tenías que tomar decisiones importantes, la primera de ellas elegir carrera. Nadie pensaba dedicarse a la música, al menos de forma rotunda y decidida. Así que, entre exámenes y tiempos políticamente convulsos, algunos seguimos empeñados en volver a probar fortuna con la música: nace la Captain Focke Band.

Captain Focke BandRafa Aranguren, con la guitarra; Alberto Abajas, con la batería y yo al bajo decidimos juntarnos con Juan Beitia al piano y Txerra Tubet a las voces. El primero estaba con nosotros en la misma clase y el segundo venía de cantar con Charlie Ahedo en su banda. Txerra tenía una figura espigada, desparpajo cantando e imitaba perfectamente a Mick Jagger, así que decidimos engordar nuestro repertorio con canciones de los Stones, la mayoría del “Exile on Main Street”, y el resto repartido entre Allman Bros, King Crimson, Zeppelin y los Beatles. Los ensayos los sábados por la mañana y durante mucho tiempo, consolidaron la formación. Dos conciertos demoledores en el Club de Campo La Bilbaina, del que veréis alguna foto por ahí, mal revelada o mal positivada y una posando toda la banda, que figura en este texto. Aunque dimos otros dos que no fueron tan bien. En los dos primeros dispusímos de la Boite del club todo el día, probando el equipo de sonido y otro de luces casero, que funcionó más mal que bien. Por supuesto, le dimos caña a la nevera donde estaban las cervezas sin vigilancia alguna. Os podéis imaginar el pedo que llevábamos a la hora del concierto. Sin embargo, habían sido tantos los ensayos, que al final, con o sin cerveza, el segundo concierto fue fantástico que yo recuerde. Txerra estuvo inmenso, hipnotizando al personal (borracho también) haciéndoles ver que tenían delante al mismísimo Jagger; Alberto mantuvo el pulso a lo largo del concierto, que al final adornó con un sólo de batería espectacular en la pieza de los Led Zeppelin “Moby Dick”, mientras Rafa, Juan y yo nos limitábamos a disfrutar del sonido que estaba generando la banda. Era la primera vez que sonábamos como queríamos. O que creíamos que era así. Supongo que las cervezas y el olor de los primeros canutos que empezaron a aparecer hicieron el resto. Nunca olvidaré esa noche.

Txerra Tubet y yo.Con esa misma formación dimos otros dos conciertos más, en el Alemán y en la Parroquia del Carmen en Indautxu, porque tenían piano. Pero no fue lo mismo, la infraestructura no iba a nuestro favor. Vuelta a lo mismo, megafonía de misa, el piano no se oye, y el salón de actos mas grande que la boite del club de campo, con lo cual el sonido, aquel sonido contundente del que hicimos gala poco antes se quedó en nada, con la consiguiente decepción. ¿Es tan difícil sonar bien y que te oiga todo el mundo? Si, y cuesta mucho dinero en equipo, técnicos y escenario. Pero esta es otra historia.

Habría algún concierto más que ya no recuerdo, quizás en el club Martiartu donde se me jodió el ampli, con el consiguiente bajón. Poco después y visto lo difícil que era mantenerse en activo la banda se fue disolviendo poco a poco, aunque hubo muchos movimientos. Mas tarde me enteré de la muerte de Txerra Tubet, antes de cumplir los treinta. Una pena porque tenía talento. Seguimos Rafa, Juan y yo, y dos incorporaciones nuevas, Josu Orúe, un guitarrista excepcional, que moriría años más tarde víctima de su adicción al la heroína, y Javi Robador a la batería, en sustitución de Alberto Abajas. Javi era el mejor batería con diferencia sobre todos los demás, con todos mis respetos. Con esta formación pudimos atacar piezas mas complicadas de rock tales como “En memoria de Elizabeth Reed” de los Allman Bros y por ahí. Lamentablemente no dimos ningún concierto ni seguimos mucho tiempo juntos. Como he dicho, o estabas terminando el COU o ya estabas en la Universidad, con menos tiempo para aventuras musicales.

Érase una vez…

Publicado por Edu Basterra el 27 de agosto de 2013 en: Novedades

De Pepe Joe & los Cerdos Esquizofrénicos a Amas de Casa 1ª parte

Ya os he contado lo de Pepe Joe & LCE, cómo nos conocimos etc. A partir de nuestro primer concierto en Los Paules en Barakaldo luego se sucedieron algunos más en el circuito que os he mencionado antes, Femenino, Txurdinaga, Santiago Apóstol, Alemán y alguno que otro que no me acuerdo, todos sin pena ni gloria. Me explico: no hicimos dos seguidos con la misma formación. Charlie Ahedo se fue con los Thuggs (de los que hare mención en algún capítulo) a la primera de cambio, yo alternaba con Alberto Abajas y Rafa Aranguren en NPI, Chente Gamarra fue sustituído por Rafa Sancho, al que llamábamos Rafa Escoba, por la forma de su melena y Jose Luis Odriozola seguía a las voces, que es un decir, porque tenía una voz cavernosa. No recuerdo que tuviéramos un local de ensayo concreto, así que la cosa debía de ser que ensayábamos justo antes de tocar el bolo, en la prueba de sonido, según el guión que fijábamos en casa de alguien (pero qué inocentes) o en algún local prestado. De éstos recuerdo tres en concreto, la parroquia de San Vicente, en el local juvenil; un cine en el barrio de La Peña, también propiedad de la parroquia local y en los bajos de una tienda de componentes eléctricos, en la calle Iparraguirre (Emerson Electricidad creo que se llamaba) que era del tío de un tal Juan Carlos García “El Loco”, otro músico al que haré referencia unas líneas más abajo, y cuyo apodo se debía a que era un poco mas estrambótico que los demás. Hoy en día pasaría por un tipo vulgar y corriente.

Baxter ensayando

Baxter ensayando.

Y más de lo mismo. No éramos músicos, éramos estudiantes sometidos a la disciplina familiar. En fin, rebeldes y yeyés, pero hasta cierto punto. Tenías que ingeniártelas para tener libre esa tarde del sábado en la que tocabas y que un carro de malas notas en el colegio podía echar a perder. Aún así te las arreglabas para librar. La llamada del escenario era poderosa. Ya os he contado cómo se desarrollaban los acontecimientos en los festivales, que si el orden de aparición, que si dos guitarras en el mismo ampli, que si tú no tocas con mi batería, nervios, mosqueos, ¿alguien me puede dejar un cable de guitarra?, en fin, toda una serie de circunstancias que entre otras cosas producían un punto de inflexión en las cortas y poco prometedoras carreras musicales de los protagonistas en cuestión.

Un antes y un después para muchos de los que aspiraban a ganarse el pan en un escenario. ¿Quién dijo que esto era fácil? Demasiados egos juntos, poca o nula instrucción musical, a pesar del claro talento que poseían algunos en concreto, y ausencia de management o infraestructura comercial. Por supuesto, las drogas no habían hecho aparición todavía, estamos hablando de la segunda mitad de los 70.

Recuerdo una anécdota: Había un grupo, Swedenborg, que practicaban una especie de rock alemán (supongo que eran fans de Tangerine Dream y Can) cuyos componentes si no recuerdo mal eran Andoni Zameza, guitarra; Josu Guridi, percusión; un tal Iñigo al bajo y Juan Carlos García “El Loco”, antes mencionado, a los teclados. A los “teclados” era un decir, ya que no sabía tocarlos, pero un día apareció en un festival en el colegio Santiago Apóstol, con un mueble de fabricación casera a la que le había añadido un teclado y un cassete con el que lanzar sonidos que él había pregrabado antes con pasajes de alguno de sus grupos favoritos de música progresiva. Todo un acontecimiento, ya que por aquel tiempo no se usaban este tipo de trucos, y del que muy pocos estábamos al tanto. Se supone que iba a ser una gran sorpresa. ¿De dónde sale ese sonido?¿Lo está tocando el teclista? Por aquel tiempo los teclados consistían en órganos o pianos, punto. Nadie tenía un sintetizador. Pero Juan Carlos se las había ingeniado para crear una expectativa entre los asistentes a cuenta del dichoso teclado, del que muchos pensarían que era un sintetizador de verdad. Muy pocos sabíamos que sólo era un truco. Pues bueno, llegó la hora del concierto y nos pusimos en las primeras filas para poder ver y escuchar el “sintetizador” de cerca. Llegó el turno de los Swedenborg y empezaron con su música minimalista y rítmica con apenas algún pasaje vocal, quizás en alemán, quizás en euskera. Todo dios expectante esperando las famosas notas…que no llegaron a oírse una mierda porque la banda metía demasiado ruido o el playback del “sinte” no tenía suficiente volumen. Hay que tener en cuenta que no había equipos de sonido, solo para el micro de la voz y gracias. En fin, se hacía lo que se podía sin pruebas de sonido y sin equipos profesionales.

Foto sicodélica de los NPI.

Foto sicodélica de los NPI.

Pronto os contaré cómo a la disolución de estos grupos formamos la Captain Focke Band. Sera en la 2ª parte.

Érase una vez…

Publicado por Edu Basterra el 13 de agosto de 2013 en: Novedades

Soy fan de Frank Zappa

¿Por dónde empiezo? Ser fan de Frank Zappa no es lo mismo que ser fan de los Rolling Stones o de Led Zeppelin. Si eres un mortal normal y corriente, puedes disfrutar como cualquiera de la música de estos últimos, incluso vestir como ellos, sentir como ellos y usar su música para decorar tu vida. Un fan como otro cualquiera, que busca entre la gente aliados, afines, cómplices de los mismos gustos y costumbres. Pero si eres músico y eres fan de Frank Zappa, es que ha habido algo dentro de tí que se ha activado, una especie de frecuencia que no habías tocado todavía, y que te abre las puertas de un universo sonoro indescriptible, del que ya no puedes prescindir, y que te separa unos metros del resto de los fans.

Por supuesto, no hace falta ser músico para disfrutar de la música de FZ, pero raro es el que la disfruta en su totalidad. En la discografía de cualquier otra banda de renombre hay discos que te gustan más o menos, pero los disfrutas todos, salvo casos concretos. En la música de Zappa hay diferentes lecturas, algunas totalmente opuestas, estilos antagónicos y muy poca concesión para lo comercial o lo ortodoxo, y por ahí no todo el mundo traga. Pero las interpretaciones magistrales por parte de todos y cada uno de los músicos que intervinieron en sus discos, arropando el fraseo inconfundible de su guitarra, y todo mezclado con un humor cáustico y gamberro, pero coherente con su visión de la realidad y el mundo que vivió, hicieron que me convirtiera en un fan devoto de su obra.

Disfruto más algunas cosas que otras, pero objetivamente su obra es de una calidad insuperable, ya sea en el terreno clásico, heavy, rockero, do-wap o blues. Zappa lo hacía todo bien, componía bien, lo grababa bien y sus bandas interpretaban su música a la perfección en los conciertos. Mi etapa favorita es de 1972 a 1975 en la que produjo joyas como “Apostrophe”, “Over Nite Sensation”, “One Size Fits All” y el directo “Roxy & Elsewhere”.

Como no podía ser de otra forma entré en contacto con Hall Of Fame Records, dirigida sabiamente por Luis González, con quien me une la pasión por FZ, para publicar mis dos primeros albumes como Teddy Baxter, “Historias de Humor & Audio” en los estudios de Little Fish y “¿Qué sabes de lo mio?” en los estudios de Saúl Santolaria, ambos trabajos claramente influidos por el genio americano.

Apostrophe’

Érase una vez…

Publicado por Edu Basterra el 30 de julio de 2013 en: Novedades

Cómo llegué a tocar con Pavarotti

Mi amigo Spasky, de Dekker Eventos, me llamó para tocar el bajo con Pavarotti en el centenario del Athletic, porque éste en su repertorio incluía una pieza con bajo eléctrico, titulada “Caruso”. Ante la importancia del evento, la magnitud del artista y el suculento caché que me ofrecieron, dudé unos cuantos nano-mili segundos y al final acepté. Además, el smoking y los gastos corrían por cuenta de la organización.

No las tenía todas conmigo porque no había visto la partitura de la canción en cuestión, y yo nunca había tocado con una orquesta. Así que tenía mis dudas sobre si lo iba a poder hacer bien o no, pero cuando vi escrita la línea de bajo en el pentagrama respiré tranquilo…eran todo redondas!! Y encima, un tempo más bien lento.

Hicimos al principio un ensayo general en el teatro Ayala, mi primera vez incrustado en una orquesta, la Sinfónica de Bilbao. Una sensación increíble escuchar a la orquesta justo en la mitad. Todo más o menos bien. Al día siguiente Janos Aks, el director de la orquesta nos citó a Alberto Rodríguez, mi compañero de Infussion, que había sido contratado también para tocar la eléctrica en dos piezas, y a mí, para practicar juntos los dos temas. El tipo quería asegurarse de que no íbamos a fallar. Total que al final acabamos en mi casa, tocando él con el teclado Yamaha que tengo en el estudio, Alberto y yo, con la guitarra y el bajo.

Janos es húngaro, buen tipo, sencillo de buenos modales, y tenía una voz tan buena o mejor que la de Pavarotti. Mientras practicábamos las piezas, el tipo las cantaba con una potencia, gracia y sutileza dignas de cualquier divo. Mi mujer flipó y supongo que todo el vecindario.

El siguiente ensayo fue ya en la propia suite del mismísimo Lucho. La escena, como os la cuento. El director, Alberto y yo, esperando en una habitación de la suite que tenia un piano a eso de las 5 de la tarde, y entra a saludarnos su secretaria, o algo parecido, para decirnos que en breve vendrá el maestro. Y en esto que aparece por la puerta Pavarotti con toda su humanidad, pantalones flojos blancos y camisa amarilla con semblante apesadumbrado. Su aspecto, más bien la de un hombre bastante ajado y poco arreglado, como si se hubiera despertado de una siesta con pesadilla, después de llevar varios días fuera de su casa o tuviera serios problemas de esqueleto y musculatura. Nos saludó sin ningún tipo de emoción o efusión especial. De la misma le pidió al director que cantara las piezas, se ve que no tenía ni puta gana de ponerse a dar voces. En cuanto comprobó que la canción funcionaba con nosotros, le dio el OK al director y se despidió.

Por supuesto, le pedimos hacernos una foto con él y accedió cortésmente. Hasta que no vi la foto positivada (todavía se utilizaba rollo por aquel entonces) no me dí cuenta de que aparecía con otro aspecto más vital y alegre que el que mostró durante los minutos que estuvimos con él, como podéis comprobar en la foto que colgamos en Facebook. A eso le llamo yo callo con la cámara.

Y al día siguiente, la actuación estelar del divo en el mismísimo San Mamés. Quién lo iba a decir, yo que siempre soñé con jugar en el Athletic en ese mismo césped y al final se cumplió, sólo que cambiando las botas por las notas…de un bajo Fender Jazz Bass.

Érase una vez…

Publicado por Edu Basterra el 15 de julio de 2013 en: Novedades

Pepe Joe & Los Cerdos Esquizofrénicos y los demás.

Después del exitoso fracaso con NPI me incorporé a las filas de un grupo llamado Pepe Joe & Los Cerdos Esquizofrénicos allá por el 75, que andaban buscando bajista. La formación, que yo recuerde, Jose Luis Odriozola a la voz, Chente Gamarra y Charlie Ahedo a las guitarras, Alberto Abajas a la batería y servidor al bajo. El nombre de la banda invitaba al cachondeo (claramente influenciados por el Schizoid de los Crimson) pero nada más lejos de ello. El repertorio: Jumping Jack Flash y Honky Tonk Woman de los Stones, I´m free de los Who y las típicas Jonnhy B. Good y Oye cómo va.

Me acuerdo del primer concierto en el colegio de ‘Los Paules’ en Barakaldo. Nos dejaron la sala todo el día para nosotros y vi como funcionaban otras bandas cuando ensayaban sus canciones. Pude comprobar allí mismo cómo se lo tomaba el personal a la hora de preparar su espectáculo. Nervios, tensión y alguna mala palabra a destiempo con el consiguiente mosqueo. Incluso vi cómo se deshacía una banda antes de su actuación, por el cabreo del batería en los ensayos, debido a que sus compañeros no entraban en el momento adecuado a tal o cual redoble de batería. En realidad, la culpa la tenía él, que hacía los redobles a destiempo y los acababa fuera de tierra, que es donde deberían entrar todos. Pero el resto no dijo ni “mu”. Acto seguido recogieron sus cosas y se largaron.

Por aquel tiempo se supone que nosotros éramos savia nueva después de bandas como los Hepton Silver Blue, los Diaspora, Carmina James o los Atlanta. Supongo que Fermín Rotaeche, Zubiaga y compañía dirán que fueron ellos más pioneros que estos. Me consta, desde luego, por la edad. Así que a la par nuestro aparecieron otras bandas con nombres como Woodstock, de clara influencia sureña-country; Swedenborg, más cercanos al rock alemán o los Talking Heads; Fase, claramente rockeros, los Thuggs, de los que hablaré en algún otro capítulo y alguna que otra más de la que no me acuerdo. Por supuesto, hubo muchos más grupos, gente que acompañaba a artistas de primera talla y que llegaron a tocar en el circuito de las discotecas cuando éstas contrataban bandas de directo, algunas con repertorios acojonantes, pero sólo hablo de las de mi entorno, estudiantes mayormente. Y todos con una JOMADI entre sus manos. También vi otras marcas, Hofner, Framus, Eco y alguna que otra rara. Por supuesto, Gibson o Fender, ni de lejos.

Solíamos coincidir en los mismos festivales, conciertos o matinales musicales, llámalo como quieras. El recorrido era más o menos este: Instituto de Txurdinaga, Colegio Alemán, Colegio Santiago Apóstol (en éste eran los domingos por la mañana), Instituto Femenino y el Salón de Actos del Carmen, en el barrio de Indautxu. Conciertos de tres o cuatro bandas, con media hora de actuación cada una. La recaudación del evento para el típico viaje de estudios de los que organizaban el festival. Aparecíamos en el cartel porque alguien tenía algún contacto o amistad entre los organizadores.

El primer escollo, el orden: Quién sale y en qué orden. Normalmente se respetaba la antigüedad, pero había veces que surgían conflictos. Me explico: Si considerabas que tu grupo tenía cierta importancia te negabas a salir de los primeros, como es lógico, pero tampoco querías ser de los últimos, ya que quedaba menos público para verte o puede que un bedel cabreado te cortara la luz porque te estabas pasando de la hora. Así que ese tercer lugar se vendía muy caro. Casi siempre se llegó a algún acuerdo sin que la sangre llegara al río, al fin y al cabo, si salías en tercer lugar corrías el riesgo de que las otras dos bandas te pisaran temas que tenías preparados para cuando llegara tu turno. Que yo recuerde, todos teníamos parecido repertorio en común: Smoke on the water, Get Back, Jumpin Jack Flash, Honky Tonk Woman, Oye como va, Jonnhy B Good y por ahí. Todas muy en boga por aquellos años. El resto de cosas que podías escuchar: Cat Stevens, Dylan, Eagles, Free, Crosby Still & Nash, etc. Creo que alguna vez llegué a escuchar el mismo tema tres veces en algún sitio.

Y más de lo mismo. La adrenalina hace estragos cuando eres joven y sales a un escenario. No puedes controlar la situación. Suena todo diferente a como lo has estado escuchando en tu local de ensayo. Sin monitores, sin amplificar la batería, y compartiendo dos guitarras en un mismo ampli. Mezclado con un poco de alcohol y pendiente de si ha venido a verte alguien que te importe en concreto por una u otra razón. En mi caso siempre intenté centrarme en el sonido de la banda y en la interpretación, pero la mayoría de las veces me vi vendido debido a las condiciones adversas que reunían ese tipo de conciertos. Iluminación y megafonía de batalla, lo justo para dar una charla o una misa. Ausencia de camerinos o lugar para el recogimiento o la concentración, y todo controlado por gente voluntariosa e inexperta que iba viendo como la mitad de la organización tiraba la toalla a medida que surgían dificultades, cuando no se tiraban a la botella, más un bedel cabreado. En la mili a ésto le llaman pista americana. Aquí es donde te ibas curtiendo para futuras empresas. A todos ellos, mi más profundo y sincero amor y gratitud.

Y siguiendo el curso natural de los acontecimientos, se sucedieron todo tipo de encuentros, desencuentros, separaciones y nuevos rumbos. Ajustes, acercamientos y alejamientos. Unos vuelta a los estudios del colegio, instituto o la universidad y otros en busca del sonido que algunos todavía seguimos buscando…

Érase una vez…

Publicado por Edu Basterra el 4 de julio de 2013 en: Novedades

N.P.I.

NPI. Trio básico de blues, Rafa Aranguren a la guitarra, yo al bajo y chapurreo en inglés y un batería inexistente. La primera vez que cogió forma esta banda fue en el “Instituto Femenino” de Bilbao. Cuando entonces, las ‘tías’ y los ‘tíos’ iban a sitios diferentes, estoy hablando del 76, y fue en uno de esos festivales estudiantiles que se organizaban invitando a cuatro o cinco bandas a lucirse.

En el “Femenino” era siempre los sábados por la tarde. Lo recuerdo por el cabreo que se llevaba el bedel de turno, al que no sólo le jodían la tarde libre, si no que encima tenía que controlar a una peña que andaba más alborotada que en días de clase, y que a medida que avanzaba el concierto, ésta descontrolaba cada vez más. Mezcla hormonas de los 15-17 años y cerveza o kalimotxo con ambos sexos en un Festival de Música Ye-Ye y ya verás que tarde más guapa le vamos a dar al bedel.

A lo que iba, nuestra primera aparición como banda. Pero éramos Rafa y yo solos, que habíamos preparado dos piezas para nuestra actuación. Así que necesitábamos un batería, que nos acompañara en el bolo. Yo ya había tocado en algún otro festival de estos y conocía a algunos músicos que iban a tocar ese día, así que le pedimos a Javi Robador, que era el batería de Diáspora, el grupo más famoso y que mejor tocaban de aquel entonces que nos acompañara. Y nos esquivó muy amablemente, cediéndole el marrón al bueno de Joserra Escartín, un buen batería que tocaba en el grupo Atlanta, que aceptó acompañarnos.

Dos piezas, la primera un blues inventado por mí sobre la marcha y cantado en inglés sin ningún atisbo de vergüenza y con toda la soltura del mundo (yo era así de inconsciente a esa edad) y la segunda, una descafeinada versión del “I´m a Man” de Spencer Davies Group que popularizó el grupo Chicago. Ambas ensayadas varias veces en casa de Rafa y que sumaban seis acordes entre las dos. El asunto estaba chupado.

Error. No puedes salir a tocar con un batería con el que no has tocado nunca y que no se sabe la canción y pretender que quede bien. Ya ni te cuento lo mal que debía de estar cantando que se me acercó por detrás el guitarrista de la banda que venía detrás nuestro y me susurró al oído que sería mejor que acabáramos ya. El desastre estaba en su punto álgido cuando decidí cortar por lo sano. Lo que recuerdo era ver a Rafa en estado de trance con los ojos fijos en un punto, en estado de shock, esperando a que me mirara para darle carpetazo al asunto, sin obtener resultado. A todo esto, el batería Joserra Escartín, mirando a cada uno con un ojo para un lado y el otro para el otro esperando alguna señal (supongo que rezando para que esto acabara pronto) y sufriendo el gran bochorno. El resto fue digerir ese mal trago durante las semanas siguientes. Lejos de desanimarnos, Rafa y yo seguiríamos intentándolo de nuevo. Esta vez, con un batería con el que poder ensayar. Pero este es otro capítulo.

Érase una vez…

Publicado por Edu Basterra el 18 de junio de 2013 en: Novedades

En el instituto

Más o menos empecé en 1975, a los 16 años, en el instituto. Recuerdo perfectamente en donde salí por primera vez a un escenario, sólo como cantante.
Fue en el colegio San Francisco Javier, de Santurce. Todavía no sabía tocar ni el bajo ni la guitarra. Mi primera canción “Oye como va” de Santana. La banda, los Hepton Silver Blue. Cantaba la frase “oye cómo va, mi ritmo, bueno pa’ gosar, mulata” dos veces, me retiraba entre bastidores, el guitarrista hacia un sólo de 10 minutos y yo volvía a salir a cantar la frase y se acababa la canción. No es un gran comienzo, pero por algún sitio había que empezar.

Una vez comenzada la aventura me apresuré a aprender a tocar el bajo eléctrico, prestado por algún colega, hasta que me hice con el mío. Un bajo de marca JOMADI que eran las iniciales de José María Diéguez, un tipo que tenía una tienda de instrumentos musicales en Bilbao, y fabricaba sus propias guitarras. Toscas, con un diseño poco atractivo pero robustas y que sonaban bien. Con ella tiré hasta que me compré mi primer bajo Fender Jazz Bass. A lo largo de todos estos años he tenido otros bajos, pero con este es con el que mejor me he arreglado. Un sonido simple, profundo y redondo, ocupando las frecuencias justas. Ni un herzio más ni un herzio menos.

Edu en el instituto

Como era habitual, las bandas por aquel entonces duraban poco. Rara es la que duraba años. El egocentrismo de algunos artistas, sus noviazgos, las envidias o simplemente la propia incapacidad para tocar correctamente un simple tema daban al traste con algunos proyectos, algunos de ellos con tan sólo un ensayo o un concierto de duración. Muy parecido a cómo se formó el universo.

Y como tal, algunos proyectos se consolidaron, llegando a tocar en varios sitios cada vez con mejor equipo. Conociendo a otros músicos e intercambiando ideas y sensaciones. De dinero mejor no hablamos. Yo no me quejo, porque la mayoría de las veces cobrabas algo de pasta y si no, cobrabas en especias. Pero me estafaron más de una vez, y cómo no, espabilas y empiezas a entender cómo funciona el mundo de la oferta y la demanda en el negocio del showbusiness. De los promotores, mejor no hablar. Sólo diré que alguno de los que llegué a conocer era humano.